Ciudadano Gálvez

Bienvenido a este rincón de la red en el que intento discurrir un poquito más allá del céfiro general. Aunque licenciado en Económicas, soy incapaz de hacerme la declaración de la renta. He estudiado también Arte Dramático en la RESAD y Filosofía por la UNED. Por cansancio y por enfermedad —y por un largo etcétera vital— una no la concluí y la otra apenas la empecé. He tenido una empresa que tuve que cerrar y soy el teórico propietario de una casa. Tras la barbaridad que llevo pagada, creo que sólo soy dueño y señor de la habitación, el pasillo y el cuarto de excreción. Me considero por todo ello un hijo de mi época: arruinado por mucho tiempo y correctamente hipotecado. Hasta nuevo aviso.

Jamás pensé que me atrevería a crear mi espacio en la vitrina global  —¡ya ves tú qué valiente!—. Me considero analógico y tecnológicamente torpe, aparte de reservado, anti-redes, y descreído y timorato ante cualquier cambio allende los píxeles. Vamos, un «misántropo digital». Mas la sensación de invisibilidad en un mundo de bytes me han impulsado a salir de mi cenobio particular.

Escribo desde siempre.  A veces para descifrar el lugar que habito y otras para descifrarme. Otras en modo sonámbulo. Tengo algunos textos premiados y publicados. El resto de mis producciones duermen en varios discos duros. Entiendo la negativa de las editoriales a no considerar mis trabajos: soy un espectro social y literario. Además, hoy casi se escribe más que se lee —¿será está una insospechada trompeta del Apocalipsis?—.

  Hiervo ante los espectáculos políticos que se ven en la caja boba y en las redes. Sé que no vivo en democracia, por lo menos, no como la idearon los atenienses o aquellos gabachos de Rousseau y Montesquieu. Siento esto más como un restyling de aquella Restauración de Cánovas y Sagasta, con sus latifundistas, sus señoritos y sus fuerzas vivas, más un toque de distopía y un cinismo a prueba de balas. Pero no quiero aburrir con esto.

       Creo en Valle-Inclán y en Canetti. En Kafka y Cervantes. En Joseph Roth y Ernesto Sábato. En Ortega ( a veces) y en García Trevijano. Creo también en Goya, en Magritte, en Gargallo. En Schubert, en Beethoven, en Mahler. En John Coltrane y en Anton Bruckner… ¡Tengo un panteón de lo más variado!

Como cada vez me siento más habitante de mi República Interior y temo que eso pueda ser peligroso para mi salud económica y mental, he decidido abrir esta ventana. No llego a ser tan lúcido para seguir “la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”, así que me arrojo al potaje cibernético general en el deseo de hacerme ver un poco, de opinar sobre esto y aquello en mis Apuntejos (suerte de blog) y que adquiráis, si lo veis a bien, algunas de mis cáfilas de letras, también llamadas «libros». Si queréis dejarme algún comentario o plantearme alguna cuestión sobre los mismos, allá que he habilitado el buzón virtual pertinente. ¡No dejo de sorprenderme de los inventos del hombre blanco!

Y sin otro particular y agradecido por atender estas líneas, os envío un abrazo pixelado de esos. Por supuesto, he puesto mi mejor foto: soy más feo sin píxeles.